Tras la cuarta reja

Titulé esta obra Tras la cuarta reja por todo lo que representa esta reja tanto para los internos como para los guardiacárceles del Penal de Villa Urquiza.

La cuarta reja marca un límite físico pero, sobre todo, un límite simbólico de lo que significa estar preso.

Es ella la que divide a los ciudadanos libres de los presos. Ella es testigo de la pérdida y de la recuperación de la libertad, siempre y cuando -como se dice en la jerga tumbera- “se sepa caminar derecho”.

La cuarta reja es la puerta de entrada a una realidad completamente desconocida por la mayoría de nosotros. Realidad que solo puede ser conocida superficialmente si no nos involucramos en el tema. Realidad que no es mostrada completamente ni por guardias ni por los internos.

La cuarta reja nos permite ingresar a las otras unidades dentro del Complejo Penitenciario de Villa Urquiza pero también es el lugar desde donde se da alarma ante cualquier pelea o motín dentro del penal.

La cuarta reja es el llamado más frecuente en el radial del penal. Convocatorias a comparendo, llamadas del Departamento de Judiciales del penal, abogados, visitas en el locutorio, servicio médico. Todo pasa por esta reja.

La cuarta reja se abre para presos primerizos, temerosos, que miran con la cabeza hacia abajo y medio de reojo aquello con que se encontrarán y se preguntan si su ranchada, de haberla tenido, los recibirá. También recibe entusiasmados delincuentes, sobre todo jóvenes, que llegan como turistas ansiosos por conocer las unidades penitenciarias más complejas de Tucumán y buscan lucirse o hacer currículum. Ve salir en libertad a algunos que jamás volverán y a otros que salen convertidos en leones y que poco tiempo después los verá volver. Ve salir convulsionados, moribundos y muertos que fueron ajustados dentro de los baños, duchas y pabellones. La cuarta reja ve a quienes no lograron soportar la vida en el penal y se suicidaron ahorcándose o prendiéndose fuego.

Solo la permanencia allí, tras la cuarta reja, me permitió ser espectador de sus secretos.

Pablo Toranzo

 

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